Publicado en: *International Journal of Innovative Technologies in Social Science* — Febrero 2026
Autores: Rumin M. et al. — Instituto Militar de Medicina Aeronáutica, Varsovia
DOI: https://doi.org/10.31435/ijitss.1(49).2026.5041
Desde Anestesia Mérida compartimos regularmente artículos que nos parecen relevantes para la práctica clínica cotidiana. Esta semana te traemos una revisión narrativa reciente que resume el estado actual de un debate que todos los anestesiólogos hemos tenido alguna vez: ¿hasta qué punto podemos confiar en los índices de profundidad anestésica?
El problema que todos conocemos
Mantener el BIS entre 40 y 60 no garantiza que el paciente no despierte. Pero tampoco garantiza que no estemos anestesiando demasiado. Rumin et al. revisaron 40 publicaciones (2005–2025) para trazar un mapa honesto de lo que sabemos y lo que no.
El punto de partida es neurológico: la anestesia general no es un interruptor de luz. Es un proceso dinámico en el que distintas funciones del cerebro se van desconectando a ritmos y dosis diferentes, con una variabilidad interindividual enorme según edad, comorbilidades y genética.
Tres cosas que el artículo deja muy claras
1️⃣ La anestesia demasiado profunda tiene consecuencias reales más allá del quirófano.
La cascada es conocida: depresión cardiovascular → hipotensión → hipoperfusión cerebral y visceral → mayor riesgo de injuria renal, infarto y complicaciones neurológicas. Estudios observacionales también asocian la anestesia profunda prolongada con mayor riesgo de delirio postoperatorio y disfunción cognitiva, especialmente en ancianos y pacientes con reserva neuronal reducida.
🔑 Perla clínica: En el paciente mayor, “un poco más de anestesia por las dudas” puede ser el origen exacto de la complicación que estás intentando evitar.
2️⃣ Cinco monitores comerciales distintos pueden darte recomendaciones contradictorias ante el mismo EEG.
Un estudio del *British Journal of Anaesthesia* (Hight et al., 2023) mostró que cinco dispositivos de profundidad anestésica respondieron de manera discordante ante señales EEG idénticas. Cada uno usa algoritmos propietarios distintos. Esto tiene una consecuencia directa: los estudios hechos con BIS no son directamente comparables con los hechos con Entropy, y extrapolar conclusiones entre tecnologías es metodológicamente cuestionable.
3️⃣ El EEG guiado ayuda, pero mal usado es una trampa.
La evidencia muestra que el monitoreo EEG reduce el consumo de anestésico, estabiliza la sedación y probablemente disminuye episodios de hipoperfusión. Pero los autores son enfáticos: usar el BIS mecánicamente, apuntando a un número sin integrar el contexto clínico, puede llevar a escalar la dosis cuando el problema real es otra cosa.
El mensaje final
No existe un valor de corte universal para la “profundidad óptima”. Probablemente nunca exista, porque la anestesia es demasiado compleja para reducirse a un número. El monitoreo EEG es un adjunto del juicio clínico —más útil donde los parámetros tradicionales son poco confiables (el anciano, el paciente bajo opioides, la cirugía cardíaca)— pero nunca un reemplazo.
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*Referencia: Rumin M, Abramowicz AD, Domagała KA, Tatarata O, Osuch M, Osuch M, Kiełboń A, Jaciubek M, Luty C, Reklewska ZO. Depth of General Anesthesia: Clinical Significance, Monitoring Strategies, and Current Controversies. International Journal of Innovative Technologies in Social Science. 2026;1(49). https://doi.org/10.31435/ijitss.1(49).2026.5041*





